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En corto. El Whisky es la nueva ginebra, por Jesús Terrés en GQ

Tenemos que reconocerlo, nos gusta leer los artículos de Jesús Terrés. Aunque en su formspring ha comentado que nuestro blog le parece feo (y nosotros no hicimos la pregunta), le leemos habitualmente pues nos atrae su forma de escribir. No negaremos que a veces no estamos de acuerdo ni con lo que comenta ni con las formas, pero en general, debemos decir que su lectura es bastante amena y provoca esa sensación de amor-odio que creo que es la que nos invita a seguirle.

Hoy traemos una pequeña reflexión que ha publicado en su blog Nadaimporta, ahora dentro de los contenidos digitales de la revista GQ. En él, hace referencia a algo que venimos comentando últimamente; la vigencia de la moda actual del Gin Tonic. No versa sobre la desaparición de este clásico combinado, le pese a quien le pese eso no va a suceder. Habla sobre el cambio en la bebida de moda debido a un punto de saturación que han alcanzado las actuales maneras de preparación y elaboración de la misma.

¿Será el whisky el sucesor?, no lo creemos, apostamos por el ron o el vodka, probablemente a este último le quede el honor de continuar la tendencia y adquirir un glamour que atesora en otros rincones y aquí le es negado.

No nos extendemos más, tenéis el artículo original tras el salto. 

El Whisky es la nueva ginebra. 5 razones por Jesús Terrés


Todo cambia.

Y pasan las tendencias, las Martens o las deconstrucciones en la cocina de autor. Como pasan de moda los blogs, Nintendo y las chicas fáciles. Malditas tendencias, qué poca consideración con las cosas que molan.

Todo pasa, digo. Y por supuesto lo hará el gin tonic de las narices. Y lo hará, seguro, porque otro morlaco ya pisa el albero de los destilados y moja la oreja de los niñatos del pepino y el vaso balón. Un toro azabache llamado whisky.

¿Que por qué?

1. El gin tonic cansa. Así en general. Y cansa porque todo cansa, especialmente si lo sobreexpones hasta la extenuación, como esas parejas que pagan a un consejero matrimonial para que les diga -el figura- que deberían follar en hoteles, que quizás deberían inventarse roles para volver a ponerse. Ser otras personas. Y cuando llegas a ese punto es momento de bajar la persiana. Cuando llega el momento, insisto, del Tea Tonic o del gin tonic de fresa, es momento de cambiar de bebida.

2. Tiempo. La mejor ginebra premium que puedan imaginar, no sé, por ejemplo Gin Mare, Oliver Cromwell o London Dry Gin (y digo estas tres porque son las ganadoras del International Wine& Spirit Competition Awards de 2010). Pues bien, la mejor ginebra que puedan imaginar tarda tres días en elaborarse. Un whisky mediocre diez años. Imaginen si hablamos de un Laphroaig de 30 años. Y tenemos pocas certezas, pero una de ellas es que el placer se esconde en los matices, y sólo el tiempo es culpable de crearlos. Porque la edad te quita muchas cosas. Pero te da matices. Historias, secretos y cientos de matices.

3. Sin mariconadas. El whisky es la bebida ‘tamiz’. Me explico, el ginto gusta a todo el puto mundo -a todos y a todas- sin excepción. Desde el tronista casual al listillo cocinillas que recita treinta ginebras de corrillo, el experto de la narices. Un Whisky no. Es un bedida dura e incómoda. Difícil. Un espirituoso que -también- funciona como un excelente filtro social. Un club privado con un barman sajón y unos estatutos que no aceptan blandengues, niñatos, falleras ni bohemios de la Latina. Sólo personas de bien.

4. Actitud. Pocas bebidas tan ligadas a un momento, a una sensación. Esa de compartir una mesa frente a dos cristales de kilo y ver cómo pasan las horas, las palabras y lo que ayer era importante al son del terroso aroma del humo azul de la turba. Una “bebida seria, adulta, compleja, intransigente, de borrachos para borrachos, necesaria en estos tiempos de pax romana gintonicista“. Más que un destilado, una forma de estar. De contemplar.


Tenéis el artículo original en el siguiente enlace: Nadaimporta

1 comentario:

  1. Feo no tiene por qué ser malo, hombre.
    El Marqués de Bradomín era bien feo y miren que bien le fue.

    FD: Un lector agradecido.

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