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En corto. Un Gin Tonic perfecto, por Eugenio Rodríguez

Dicen que los blogs desaparecen igual que surgen, por miles al día. El otro día leímos un dato acerca de la vida media de estas bitácoras digitales, no os queremos mentir, no recordamos el número de días pero sí recordamos que era muy bajo.

La ventaja es que, salvo que el autor lo haga desaparecer, las historias, ideas, guías y demás contenidos quedan a disposición del resto del mundo en la inmensa telaraña que es Internet. Confiando en que nunca se nos quiten las ganas de seguir escribiendo y compartiendo noticias relacionadas con la ginebra y el Gin Tonic con vosotros, hoy os traemos un artículo rescatado de un blog que, por la fecha de la última publicación, creemos que se une a aquellos que han caído en el olvido. Desde el Blog de Eugenio Rodríguez os traemos una guía de elaboración de un Gin Tonic perfecto, desde el primer hielo al último sorbo, que data del 2008. No os asustéis, no está obsoleto, es una demostración de que el Gin Tonic no surgió el pasado verano, y algunos ya disfrutábamos de este combinado desde hace mucho tiempo.

Os dejamos con la guía tras el salto.

Un Gin Tonic perfecto

Como a muchas otras cosas, somos amigos del Gin Tonic. Particularmente, me gusta como aperitivo, después de una comida, o incluso como copa. Esta es la receta, según un buen amigo.


En busca del Gin Tonic perfecto

Sin buenos ingredientes no se pueden hacer milagros. Se puede maquillar el resultado pero para hacer un buen Gin Tonic hace falta, como mínimo, luego ya hablaremos otro día del Gin Tonic de verano, que tiene más complejidad, el siguiente listado:

1.- Tónica Schweppes. Respetamos mucho a la competencia y sus agresivas campañas pero es la que con su punto equilibrado y amargo nos va a potenciar la copa. Debe estar muy fría y si puede ser en una nevera que sólo tenga botellas, mejor.

Si podemos conseguir la tónica Fever Tree entonces sería perfecto. No tiene conservantes ni aromatizantes sólo quinina natural, agua pura y ácido cítrico.

2.- Hielo muy bueno. Casi piedras. Podemos hacerlo en casa con unas buenas cubiteras y agua Voss de los fiordos noruegos a la que añadiremos piel de limón rayada en un microplén, albahaca picada finísima casi en polvo, opcional, y gotas de ginebra, obligatorio. Si lo ven muy complicado, no pasa nada, hielo de gasolinera que aunque vayan más tarde de las diez de la noche el Gobierno del señor Zapatero sí se lo dejará comprar.

3.- Limón con denominación de origen Gandía. O de una calidad similar. Que esté como el poema de Lorca, verde que lo queremos verde. Si el limón está en su punto no nos hará falta la caribeña lima, ni el exótico mango, ni la valenciana naranja, ni pepino, ni angostura, ni pomelo, ni pétalos de rosa, ni zumo de limón (prohibido).

4.- Una ginebra maravillosa. Estirémonos porque es el ingrediente principal. Citadelle la francesa super elegante y aromática; la Tanqueray Ten, aristocrática; la Bombay Sapphire Swarowski que contraataca en la gama alta con aromas muy sutiles casi de seda; la Hendricks con su pepino y pétalos de rosa marcando tendencia; la London Gin con su precioso color turquesa. Hay otras extraordinarias ginebras como Carden Heads, con su toque de azafrán o la seductora Martin Millers, que distribuyen en exclusiva en España enópatas Valencia. Todas estas ginebras deben estar en nevera y en verano, en el congelador. Bueno, hemos dicho que la receta del Gin Tonic veraniego la daremos en otra ocasión.

5.- Una copa de balón, casi de fútbol, o un vaso de sidra grande. Tienen que caber bien por lo menos 4 cubitos de hielo que depositaremos con inspiración y suavidad, porque si el cristal es muy bueno y fino se puede romper.

6.- Un cuchillo de Laguiole, de Albacete, de Alemania o del todo a un euro, pero que corte muy bien y esté afilado.

7.- Una jarrita de cristal de diseño.

Manos a la obra. Manera de proceder

1.- Con las manos exageradamente limpias y secas para no transmitir aromas de jabón ni propios o con unas pinzas, depositaremos suavemente cuatro o cinco cubitos en el fondo de la copa y para enfriarla con el cuchillo de Laguiole moveremos los cubitos en el sentido en que nos apetezca con energía y delicadeza a la vez.

Esa bonita jarra de cristal nos servirá para recibir el agua resultante de esta delicada operación. Si no disponemos de jarra podemos “regar” una planta.

2.- Ahora añadiremos de oído, y con la vista también, cualquier ginebra de las anteriores o Xoriguer Caneca, Plymouth, Seagrams, Raffels, Maxims o Beeffeater. Con buen pulso, escanciaremos la ginebra hasta escuchar clic ,clic, clic, tres veces, en el hielo. Si no lo escuchamos, como orientación , un clic equivale para nosotros a poco más de un centilitro. Es preferible siempre añadir que pasarnos con la medida. Con esta dosis más la tónica obtenemos un cocktail de sólo 33 calorías que no engorda y nos ayuda a digerir los alimentos. Delia Piccirilli gran teórica del gin tonic defiende como Juan Ferrer, presidente de Enópatas Mundi, la proporción aproximada de un centilitro de ginebra por seis con treinta y tres de tónica. Ambos son fervientes defensores de la Fever Tree.

3.- Deslizaremos por el cristal de la copa para no perder gas una tónica Fever Tree o Schweppes de botella de vidrio entera o su equivalente si es de bote. No somos partidarios de las efectistas aspersiones de tónica cuando el camarero agita la botella y deja sólo una pequeña abertura taponando con el pulgar normalmente para que salga tipo geisher. El gas es en esta ocasión un bien escasísimo que hay que conservar. Esto es fundamental. Hay que rechazar todo mal llamado Gin Tonic servido en vaso de tubo con dos cubitos, más de la mitad de ginebra mala, normalmente ninguna de las aquí citadas, y con sólo media tónica. El dolor de cabeza y de estómago que obtendremos está garantizado. Y si le dices a la guapa camarera, mientras le miras el escote, que lo quieres “preparado” te añadirá un chorrito de zumo de limón o sucedáneo que tiene tres días en una jarrita de porcelana blanca o negra y se quedará tan contenta habiéndote anulado el gas carbónico y la fuerza de la tónica.

4.- No hay que agitar ni mezclar nada. No hacer caso a James Bond.

5.- Con ese maravilloso cuchillo de Laguiole sacaremos el espíritu del cirujano que llevamos dentro y obtendremos dos trozos generosos y muy finos de piel de limón procurando evitar la parte blanca, más amarga que una primera derrota entre sábanas. Aquí están los aceites esenciales y los aromas. Con la primera piel colocándola de canto, gregoriano, iremos girando la copa para perfumar, y no embriagar, el borde.

A mitad de esta operación giraremos (la piel del limón y no nosotros) y continuaremos por la otra parte. El otro trozo lo cogeremos con los dedos pulgar, índice y corazón y con él aromatizaremos las paredes interiores de la copa, exprimiremos y retocaremos los bordes. Hay quien este paso lo hace antes de mezclar la tónica.( De todas formas por razones de seguridad todos los pasos exactos no los podemos reproducir aquí). Ni qué decir tiene que las cortezas del limón verde que lo queríamos verde deben estar ya nadando entre los cubitos, la tónica Fever Tree, o Schweppes, y la ginebra Citadelle o Martin Millers por ejemplo.

6.- Acomódese, preferiblemente en un sofá como si fuese una muñeca de trapo.

7.- Póngase una buena música. Por ejemplo “Las hojas muertas” del saxo tenor Gianni Basso o “Somewhere over the Rainbow” cantado por la neoyorkina de Brooklyn, Gabrielle Goodman que falleció tempranamente pero nos dejó regalos como este tema.

8.- Huela la copa y tómese un generoso primer trago como si fuese de cerveza cuando tiene mucha sed, inspirando el aire y cerrando los ojos. Aquí, si a usted se le escapa un leve gemido de placer o un ¡og! es que va todo bien. Somos humanos.

9.- Y Cuando acabe con la canción, en unos cuatro minutos aproximadamente, habrá terminado la copa y los cubitos de hielo deben estar prácticamente enteros. El Gin Tonic es para nosotros un trago corto, porque de lo contrario se agua mucho y hay que corregir proporciones sobre la marcha.

10.- ¡Enhorabuena! Si ha seguido todos los pasos, se habrá aficionado al Gin Tonic.

Podéis leer el artículo original en el siguiente enlace: Blog de Eugenio Rodríguez

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