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En corto. ¿Por qué ahora todos toman Gin Tonic?, por El País

Buena pregunta la que nos plantea Mikel López Iturriaga desde El País. No sabríamos contestar de manera concluyente, por moda, por opciones, por variedades, por snobismo, por publicidad (encubierta)...

Seguro que cada uno de vosotros puede argumentar cinco respuestas más. Lo cierto es que si uno observa a su alrededor en cualquier local de moda se asombraría de la cantidad de copas de Gin Tonic que puede llegar a percibir, y si se acerca a la barra aún puede sorprenderse más (para bien o para mal), la gente se sabe las marcas y las pide combinadas con aderezos y tónicas también de actualidad. Sorprendente.

De ello nos hablan en el reportaje que podéis leer tras el salto.

¿Por qué ahora todos toman Gin Tonic?, por Mikel López Iturriaga para El País

Nadie dijo que los sintetizadores ochenteros reinarían de nuevo en la música. Nadie avisó de que las hombreras volverían a amenazarnos. Nadie pensó que el gin-tonic saldría del inframundo de los combinados semiviejunos y acabaría imponiéndose a casi todas las demás como bebida chic. Pero así son las modas, cíclicas, caprichosas y capaces de devolvernos espantos a la par que maravillas.

Al igual que otros retornos, el del gin-tonic no es del todo espontáneo. ¿O pensaban que las marcas de ginebra no estaban detrás de su resurrección? La campaña ha sido sutil -las limitaciones legales para la publicidad de alcohol así lo obligan-, un gota a gota que ha ido calando a través de eventos gastronómicos, catas reducidas, encuentros privados con prescriptores o entendidos y, cómo no, asociaciones mediáticas con esos grandes iniciadores de tendencias que son los famosos.

Hace unos meses vi un reportaje en Divinity en el que dos barman hablaban de los gin-tonics favoritos de las celebridades que iban a sus garitos. Jesús Vázquez, contaban, lo tomaba con ginebra Whitley Neill; María Esteve, con Citadelle, y Berta Collado, con la que le pusieran.

También practicaban un outing gintoniquero a Bebe, Willy Toledo o Amaya Arzuaga, transformados sin quererlo en vendedores de botellas entre la población joven y televidente.

Llámenme carcamal, pero a mí en este terreno me influyen más las figuras del pasado. Viejos fans como Peter O'Toole, Richard Burton, Gerald Ford ?sí, el esposo de Betty, la de la mítica clínica de desintoxicación? o Winston Churchill, quien aseguraba que elgin-tonic había salvado más vidas y mentes inglesas que todos los médicos del Imperio.

Y desde luego, alguien a emular es la Reina Madre. No ha habido ni habrá mejor promotora del gin-tonic que Isabel, esposa del rey tartamudo Jorge VI de Inglaterra. Cuando murió a los 102 años, junto a los consabidos ramos de flores los londinenses le dejaban botellas de Beefeater a las puertas de Clarence House, en homenaje a una vida volcada en el consumo de este licor. Una anécdota que me entusiasma de Isabel y su servicio, en el que no escaseaban los gays, está relacionada con la bebida. Un día oyó cotorreando a dos de sus empleados, y les dijo: "Cuando vosotras, viejas reinas, hayáis acabado, a esta vieja Reina le gustaría tomar un gin-tonic". Eso sí, no sé si me atrevería con la fórmula hardcore que le solía preparar una de esas queens, Billy Tallon: nueve partes de ginebra por una de tónica.

Podéis leer el artículo original en el siguiente enlace: El País

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