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En corto. El Gin Tonic y tú, por Salvador Sostres

Lo hemos comentado en múltiples ocasiones, el Gin Tonic perfecto no depende ni de la ginebra, ni de la tónica ni de los aderezos utilizados, depende única y exclusivamente de una buena compañía. Si además está regado con cariño y con buenos productos pues mejor que mejor, pero lo esencial es disfrutarlo bien acompañado.

También hemos comentado en uno de nuestros primeros artículos que en exceso es un desastre, pero como todas las demás cosas de la vida. Saber disfrutar con moderación es el mejor consejo que podemos transmitir desde estas modestas líneas. De todo esto nos habla hoy Salvador Sostres en un artículo publicado en el diario El Mundo, aunque no congeniamos "demasiado bien" con sus opiniones, es una lectura que enfatiza la compañía como complemento ideal de un Gin Tonic. Os reproducimos íntegramente el artículo tras el salto.

El Gin Tonic y tú, por Salvador Sostres para El Mundo

Con el tiempo hemos aprendido a tener sed de algo más puro que el agua. Gin-tonic. Se corre el riesgo de ser un poco vulgar ahora que todo el mundo toma gin-tonics, pero no hay nada mejor que una barra con amigos y gin-tonics, música tenue y tu barman de cabecera. Sed de gin-tonic, sed de noches míticas de carcajada y confidencia. Sed de afectos que se van tejiendo a través de noches como éstas.

Nuestras esposas no entienden este afán y nos reprochan la cantidad de gin-tonics. Con el primero no dicen nada, farfullan cuando el segundo llega y al tercero se levantan y se van. Dicen que se preocupan por nuestra salud, pero lo que les preocupa es que no entienden qué hacemos. No entienden la franca amistad de los hombres, lejos de cualquier cálculo, limpia de toda competición o suspicacia. La amistad a lo largo, de tantas noches longitudinales, la amistad sin ningún otro propósito que la amistad. Sin ningún cargo.

No se dan cuenta de que algo fundamental emerge de estas copas y de estos ratos. La salud es un chantaje. Nos dicen que si no bebiéramos gin-tonics viviríamos más años; pero no creo que viviéramos más, y simplemente se nos haría más largo. Todo alcohol es una droga y negarlo en nombre de su uso social o de su vertiente cultural es falso, absurdo e inmaduro.

El alcohol es una droga, y como todas las drogas puede causar adicción, y ahí no hay alegría que valga y todo se vuelve dramático. Como todas las drogas, también, a pesar de que no seas adicto a ella, hay una parte de daño que te hace como reverso del placer que es capaz de proporcionarte.

Bien. ¿Y qué? Vinimos al mundo a gastarnos, a querernos y a hacer de cada amor el amor de nuestra vida. Mis buenos momentos no me los ha proporcionado el beber, pero en la mayoría de ellos estaba hablando con un amigo y tenía un gin-tonic en la mano. Si la ginebra mata, reír cura. ¿No sabe hacer promedio la biología?

El mejor antídoto contra la muerte es la alegría, y las chicas que nos han querido y nos quieren no se fijaron en nosotros por nuestro perfil apolíneo, sino porque sabemos contar las historias más hermosas del mundo y somos partidarios de la alegría. Nos quieren porque todo es bienestar a nuestro alrededor, placidez, horas pasadas como quien acaricia las olas para deshacer los enredos del mar. Luego, cuando ya nuestras chicas nos tienen, nos reprochan las euforias y no recuerdan que se enamoraron de nosotros por ellas. Somos una familia, estamos cosidos a la misma estrella, pero nunca acabaremos de comprendernos.

Hacerse mayor es darse cuenta de que no podemos borrar el rastro de nuestros defectos sin renunciar al encanto de nuestras virtudes. No existe el riesgo cero, los mejores foies son los peores asesinos de nuestros hígados, tal como con los mejores gin-tonics nos despedimos, lentamente, muy lentamente, del mundo.

Más acá del ocaso trágico, el gin-tonic favorece la amistad, la disquisición, el razonamiento. También nos lleva sin transición a la proclama y al exceso, y hay que procurar no llamar a nadie después del tercer gin-tonic. Lo que tú crees ingenio, o amor del bueno, es sólo la ginebra. Tu interlocutor sereno te intuye a la legua. Cuanto más brillante e inaplazable creas que es tu idea, en realidad más disparatada es. Nunca llames a nadie con tres gin-tonics, baby. Escribe lo que querías decir y verás lo que piensas de ti mismo cuando lo leas al día siguiente.

El cuerpo ya no aguanta hoy como ayer. Y cada recuperación es más penosa y más larga. El orgullo de haber sobrevivido a otra resaca compite con una terrible mala conciencia que el alcohol da, apuntillada por las caras largas de tu mujer. Ibuprofeno por compasión, y te dices que no volverás a beber jamás.

Al fin el dolor pasa, como una penitencia cumplida. El cuerpo está dispuesto otra vez, la sobremesa.

4 comentarios:

  1. Todo lo que salga de la mente de este "señor"...

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  2. Un tipo de atmósfera5 de julio de 2011, 0:16

    Disociar el gin tonic de la mujer para escribir un artículo misógino, es de una enorme necedad. Que a Sostres le guste este maravilloso combinado, no le indulta.

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  3. Que pena que le guste el gintonic a este maleducado anacrónico, carca y misógeno.

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  4. Sobra dar publicidad a este tipo. Que pena de entrada a tan mágnifico blog.

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